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Las pandillas juveniles

Las pandillas juveniles

Los grupos juveniles comparten sus convicciones, certezas y vida propia cara a cara, en su grupo primario: es en la comunidad afectiva donde encontramos y comprendemos las identidades de los jóvenes, sus relaciones más primarias, sus sentidos de pertenencia y la valoración de sí mismos.

 

El comportamiento de asociarse en pandillas es una característica de la adolescencia para el logro de seguridad, autoestima, placer, aprendizaje de solidaridad, afecto, pérdida de miedo al abandono y soledad, etc.

 

Sus rituales sirven como referentes de pertenencia a los grupos. Los límites del grupo están marcados por su propia dinámica interna. Tienen normas y reglas de comportamiento.

 

El grupo pasa a ser su propia familia. A través del grupo, los adolescentes olvidan sus preocupaciones individuales, orientándose hacia las actividades del grupo.

 

Los jóvenes viven el presente. La música y el fútbol son, actualmente, el lenguaje más compartido entre los adolescentes. Los grupos de amigos se autoafirman en rituales y estilos de vida (tatuajes, vestuario, estilo del cabello, etc.). Así manifiestan sus identidades, expresando una especie de contracultura parental-social como grupos.

 

La propuesta adolescente es alternativa a la oficial de nuestra sociedad. Si bien no es homogénea, cobra importancia la imagen, la sensorialidad versus la racionalidad abstracta. Es una cultura que vive el presente, que asume posturas políticas contestatarias a las dominantes. Junto con ello, participan en ong’s y en manifestaciones ecológicas y solidarias, en la búsqueda de una mayor armonía y equilibrio en el mundo, sin discriminaciones ni injusticias sociales, sexuales o étnicas.

 

El comportamiento agresivo es propio de la defensa del territorio, del mismo modo que si la identidad del grupo se ve amenazada se responde con violencia. En muchos casos la violencia que manifiestan las pandillas es producto de la exclusión social que los afecta; sin embargo, también existen grupos que tienen objetivos solidarios.

 

Generalmente, el término de la participación en un grupo se da por razones como la edad, el trabajo o el matrimonio.

 

Valoran la comunicación más que la productividad, la diversidad más que la uniformidad. En este sentido, la pérdida del sentido de autoridad para los jóvenes es reemplazada por la diversidad cultural.

 

De acuerdo a los test aplicados y a las entrevistas realizadas, los contenidos más relevantes que surgieron fueron:

 

-          Los jóvenes se sienten excluidos de la sociedad y no tomados en cuenta por el gobierno, sin embargo algunos sienten que si aportan a su sector. Definen la juventud como: rebelde, carretera, irresponsable, drogadicta, violenta e indiferente.

 

-          A la juventud pobladora se le ve especialmente asociada a prácticas delictivas, a la drogadicción (especialmente pasta base), y la violencia.

 

-          A la juventud que consume drogas se le ve de dos formas como perdida o con problemas, por un lado, o como buena onda y creativa, por otro.

 

-          Los jóvenes creen que casi nadie se preocupa por sus problemas, y que ellos tienen que vivir al día porque no se sabe que va a pasar mañana.

 

-          Aparece indiferencia por el futuro, desconfianza en las personas.

 

-          Están expuestos a serios problemas de maltrato psicológico, lo que atenta contra la posibilidad de que desarrollen autoconfianza e identidad.

 

-          Sus miedos son fundamentalmente a la soledad, a la muerte, a caer en la drogadicción, al futuro, al matrimonio y a los compromisos.

 

-          La imagen de los hombres y las mujeres en general es mala, sólo connota la parte sexual. Se piensa que las mujeres tienen amantes y que el matrimonio es conflictivo; sin embargo, muchos quieren tener hijos.

 

 

 

EL ENTORNO

 

Si bien la mayoría de los jóvenes contactados viven en poblaciones, también los hay de sectores medios de la capital. De acuerdo a la observación realizada en un sector poblacional donde habitan grupos juveniles, se puede decir que se trata de un entorno marcado por la pobreza, donde la venta y consumo de drogas ocupan un lugar importante.

 

La dinámica que se observa es que los jóvenes se repliegan dentro de sus casas durante el día y ocupan las calles por las tardes y noches, siendo en estos encuentros el consumo de drogas una práctica común.

 

Los vecinos distinguen entre los grupos buenos y malos. Los malos pueden ir en contra de los propios vecinos, en cambio, los buenos son los que, a pesar de ir armados, no molestan al vecindario. Hay pandillas de diferente tipo, pero rápidamente se asocia con las barras bravas, lo cual implica la realización de acciones destructivas y delictuales.

 

 

ADENTRÁNDOSE EN LOS GRUPOS

 

Se conocieron muchos grupos en este estudio, raperos, trasher, agrupaciones en torno a los comics, a los juegos de rol, de iglesia, grupos de mujeres (lo que muestra que la participación de las mujeres en grupos juveniles está cambiando, ya que antes primaba la participación de los grupos de hombres). Estos grupos atraviesan estratos y condiciones económicas, sociales, de género. Sus intereses son diversos, pero en general la música es un fuerte aglutinador, y ciertos valores como la amistad.

 

Dentro de esta gran gama se encuentran las pandillas, grupos que son vistos  como conflictivos y peligrosos. En ellas se destaca la carencia en las condiciones de vida de sus miembros y su posición antisistema. Son vistas como grupos de delincuentes, por lo tanto una amenaza para la sociedad. En este sentido, la represión que cae sobre ellas es una respuesta institucional a lo que se ve como una conducta irregular. Sin embargo, estas formas de agrupación juvenil también poseen una serie de valores como la solidaridad, apoyo mutuo, adaptación a las condiciones que les ha tocado vivir, etc.

 

Estas agrupaciones tienen ciertas características: la edad varía entre los 12 y los 30 años; sus miembros frecuentan las esquinas, están desempleados o no estudian y suelen verse envueltos en peleas callejeras, asaltos, consumo de drogas, ingesta de alcohol. Generalmente son grupos que están constituidos por más de 30 personas.

 

Algunas tienen poca movilidad territorial, se reúnen en su población, en tanto que otras tienen una alta movilidad, es decir, se reúnen en espacios distintos del lugar de residencia. Para los grupos de poca movilidad su espacio de reunión es además su espacio de residencia, y el conflicto entre pandillas suele ser más frecuente.

 

Para los jóvenes el grupo pasa a constituirse en su familia, y su lugar de reunión habitual es la calle o la plaza. En la mayoría de estos grupos existe el joven llamado “tata”, es mayor que el resto y va enseñando ciertas prácticas al grupo como, por ejemplo, aspectos del consumo de drogas. Aparece como una persona que se quedó pegada en una etapa anterior.

 

Los límites territoriales juegan un rol importante en los grupos juveniles, lo que conlleva confrontaciones entre los grupos de un sector y otro. Un aspecto que pesa en esto es que los tipos de consumo de drogas están asociados a los territorios, por lo tanto los jóvenes se cuidan de no ser encasillados erróneamente a un determinado territorio.

 

Diversos especialistas han denominado a las agrupaciones de jóvenes como “tribus urbanas”. En ellas suele instituirse la venganza de sangre, que funciona como sanción social en contextos socioculturales donde no existe o no se legitima la acción de tribunales de justicia para algunos crímenes. Los jóvenes barristas parecen haber establecido sus propios códigos penales.

 

Una forma de agrupación juvenil que actualmente tiene importancia son las llamadas barras bravas. La pertenencia a una barra brava tiene un fuerte componente emocional, sin embargo, se reconoce que no toda la conducta es espontánea, sino que existe una fuerte organización desde arriba, una planificación previa. Existe una mentalidad con la que se va preparado de antemano al estadio.

 

Algunos grupos de las barras son consideradas como “pandillas”, en la medida que tienen conductas violentas que limitan con la delincuencia.

 

En relación a este tipo de grupos se plantea que no es exactamente el fútbol el que convoca. Lo que importa es ganar. Ganar en el fútbol es una manera fácil de encontrar felicidad. Se ve la participación en las barras asociado a la necesidad de identificarse con un equipo ganador.

 

 

ALGUNAS FORMAS DE ASOCIATIVIDAD JUVENIL

 

 

Grupo que se reúnen en el Parque Forestal

 

Se consideran un movimiento juvenil que reúne a diversos grupos artísticos, malabaristas, candomberos, teatro callejero, etc. No están organizados formalmente, sólo se reúnen por el gusto de hacer algo el día Domingo, en la idea de transformarlo en un día de práctica, de juego y entretención. La entrada y salida es muy fáciles, ya que está determinada solo por el deseo del joven.

 

Este movimiento de jóvenes artistas se caracteriza por aspectos como la espontaneidad, la solidaridad interna y la aparición de líderes para situaciones contingentes. 

Punks

 

Agrupa a jóvenes en torno a una serie de aspectos estéticos (música, baile, atuendos), e ideológicos (valores, creencias). Un elemento central en estos grupos, que los asemeja a otros tipos de agrupaciones juveniles, es su interés por apartarse del sistema y la vivencia de una estructura interna igualitaria.

 

La informalidad del movimiento se debe principalmente a la tendencia que existe de no vincularse con las instancias formales. Por el contrario, lo informal está dado por el carácter espontáneo de la adhesión al movimiento.

 

Los grafiteros.

 

Se trata de grupos más artísticos que políticos y el grado de cohesión con el grupo depende más de este aspecto que de variables políticas. Lo que se destaca en el grafiti es el discurso antisistema, en contra de la sociedad. En el grupo observado se puede identificar una organización, un líder y una propuesta de acción.

 

Grupo D.M.A (Distrito Marginal Atacante).

 

Este grupo tiene ciertas características distintas a las demás agrupaciones contactadas. Se trata de un grupo femenino, menores de 18 años, promedio de edad 15-16 años, están integradas a la educación formal, pertenece a familias de clase media, viven en un barrio residencial, se definen como hip-hoperas y entre las prácticas que las reúnen se encuentran el baile, canto, grafitis o skateboarding. Se sienten discriminadas por el mundo adulto, suelen reunirse en el espacio público y han participado en algunos eventos conflictivos de cierta violencia. Su habla es similar a la de otros jóvenes de menor nivel de escolaridad, habitantes de sectores más desposeidos de Santiago.

 

Los criterios de acceso al grupo son las relaciones de género, vecindad/amistad y afición al hip-hop. Un aspecto que refuerza la cohesión es el sentimiento común de ser sujetos de discriminación. Para la incorporación de nuevos miembros se les tiene que conocer previamente y, generalmente, se hace algún rito de bautizo.

 

La calle es el espacio donde se mueven, donde generan sus relaciones, y donde de sienten protegidas. Usan drogas pero, sin embargo, ello no es un elemento que las reúna. Generalmente marihuana y alcohol, en menor medida pastillas y nunca pasta base o cocaína. En el grupo no existe presión social para el consumo.

 

No se apreciaron relaciones de autoridad al interior del grupo. Se cuestiona la emergencia de un líder en un grupo de amigas. Dan importancia a valores como el respeto, amistad, camaradería, ayuda mutua y el disfrute del hip-hop.

 

Villa Tres Puntas.

 

Grupo amplio que se subdivide en dos, de acuerdo a las edades de sus integrantes. Un primer grupo de jóvenes entre 18 y 25 años, y un segundo grupo de adolescentes entre 12 y 18 años. No estudian ni trabajan, se reúnen en la calle y no les gusta estar con sus familias; duermen hasta tarde y se levantan para salir a reunirse nuevamente con el grupo, esa es su dinámica habitual.

 

En la mayoría de los casos no han terminado la enseñanza básica. A todos los presionan en sus familias para que trabajen. Sin embargo, para ellos trabajar significa separarse. Acceden a trabajos de baja calificación, como obreros en la construcción. Se reconocen con una baja calificación, pero no viven esta situación como un peso. El dinero no les falta, lo consiguen pidiendo a la madre, macheteando, haciendo pequeños trabajos como cortar árboles, arreglar jardines, etc.

 

El consumo de drogas se realiza esporádicamente, teniendo preferencias por la marihuana y el alcohol. La búsqueda de drogas no es parte de sus prácticas cotidianas, si se da se consume. Incluso el caer en la adicción causa la separación del grupo.

 

En cuanto al liderazgo, manifiestan no tener un líder. Ninguno manda más que otro pero si existe la persona que los defiende. Se trata más bien de liderazgos situacionales, este rol se le asigna a quien en un momento de crisis puede moderar.

 

Sienten la falta de espacios para reunirse. En general no salen de la villa donde viven, excepto para ir a bailar o cuando participan en alguna pelea en calles principales. Plantean el deseo de hacer cosas pero sienten que tropiezan con problemas externos. Les pesa el estigma de ser vistos como drogadictos y callejeros.

 

Se ha formalizado como grupo, sin embargo, ello no surge como iniciativa propia sino que a instancias de las instituciones. Reconocen que ello les ha permitido acceder a ciertos beneficios.

 

Pin Reb (Pintana Rebelde).

 

Se trata de un grupo del sector El Castillo de la comuna de La Pintana, que se reúne por su pasión al fútbol. Su presencia en los espacios públicos a veces va asociada a conductas violentas. Tienen alta movilidad, su procedencia es esencialmente poblacional, mantienen una relación de oposición con agrupaciones similares.

 

Son rivales del grupo los Peñi Junior, del Colo Colo. Atraen la atención de la comunidad, tanto positiva como negativamente.  La convivencia de la comunidad en las calles se ve alterada por las actividades conflictivas de estos grupos.

 

Pese a la relación conflictiva entre ambos grupos, estos jóvenes poseen algunos puntos en común, como por ejemplo, su admiración por el Che, personaje más bien mítico que dotado de antecedentes biográficos reales. El interés de estos grupos es la confrontación.

 

Sintiéndose sujetos de discriminación y marginados, estos grupos responden replegándose sobre sí mismos, expresando la idea de que “si nos marginan, entonces lo que la gente nos dice no nos interesa”.

 

En un contexto de descalificación mutua entre los grupos y los adultos, que se traduce en ideas como “los de la esquina tienen la culpa”, por parte de los adultos, y “lo que la gente dice a mi no me interesa”, por parte de los jóvenes, resulta difícil pensar en el encuentro y en la realización de acciones conjuntas.

 

Tal vez influidos por el discurso oficial, la calle, que para estos grupos reemplaza el espacio de aprendizaje familiar, no siempre es valorada, ya que aunque piensan que sirve para aprender a ganarse la vida, también creen que constituye un lugar donde se pueden aprender cosas malas. En este sentido, da la impresión que se vive en la calle porque no es posible hacerlo en la casa.

 

Dentro de los riesgos que acarrea el estar en la calle, destacan la proximidad con el alcohol y las drogas. En general, manifiestan un fuerte desprecio por la pasta base, y quienes la usan son estimulados a dejarla por la marihuana o el neoprén.

 

 

LA PERTENENCIA A UNA PANDILLA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

 

A través de las entrevistas a jóvenes miembros de pandillas tratamos de inferir la significación de su pertenencia a ellas. Esta está determinada por una serie de factores, relacionados esencialmente con el mundo de privaciones que deben enfrentar,  por ejemplo, la carencia afectiva en la familia, que se expresa en la falta de cuidado y la ausencia de la imagen paterna o materna.

 

En general, se trata de jóvenes que tiene pocas oportunidades para su desarrollo, con lo que se dificultan sus posibilidades de cumplir un rol protagónico en la sociedad. Como consecuencia de ello suelen quedar fuera de los procesos de transformación y sin el reconocimiento por parte del mundo adulto.

 

El sentido de pertenencia al grupo está fuertemente marcado por el reconocimiento que sienten al interior de la pandilla. Habitualmente el modo de ser de los jóvenes es rechazado por los adultos, que representan las conductas socialmente definidas como “normales”. Dado que las conductas de los jóvenes están sujetas a la aprobación de los adultos, cuando hay reprobación se produce en ellos la marginación. Por el contrario, lo que ocurre en el grupo es que cada miembro es aceptado por lo que es. Los integrantes de las pandillas perciben este sentimiento de aceptación por parte de los otros miembros del grupo, con quienes comparte identidades y trayectos vitales similares.

 

Otro elemento que comparten los miembros de las pandillas es la parcial o total separación de sus familias. La carencia de lazos afectivos dentro éstas es un factor que los lleva a abandonar el hogar. Esta falta de afectividad es suplida en el grupo, el cual pasa a constituirse en su nueva familia.

 

En cuanto a la estructura interna de los grupos, no existe una jerarquización interna. Quien dirige u orienta al grupo es quien está capacitado para darles protección a los demás miembros, pero en los demás aspectos es un miembro como cualquier otro.

 

No se puede decir que los jóvenes asociados en pandillas tengan un proyecto de vida definido. Su aproximación a la vida, más bien, parece caracterizarse por un dejarse llevar por el azar, parece no importar el futuro si no se puede tener control sobre él, en consecuencia sólo se vive el momento.

 

La experiencia de grupo puede durar semanas, meses o años. El fin de esta etapa está marcado por factores biológicos y circunstanciales. El aspecto biológico está relacionado con el factor edad, en el sentido de tomar consciencia de ella y, por lo tanto, decidir retirarse del grupo. La dimensión circunstancial tiene que ver con otros aspectos no controlados, como por ejemplo algún conflicto con la justicia, constituir la propia familia, etc.

 

 

Situación escolar.

 

En general, los jóvenes miembros de pandillas han desertado de la escuela. Algunos responsabilizan de esto a los profesores, argumentando que no saben o no tienen la disposición para tratarlos adecuadamente. Se plantea que, en parte, ellos están enseñando a los jóvenes la desesperanza al subvalorar sus capacidades.

 

Para otros, la solución a este problema pasa por un cambio del sistema escolar actual. Se cuestiona que no existe ningún proceso de facilitación, y que el proceso educativo mismo es muy autoritario e impositivo. Los jóvenes, por su parte, ven las metas de la educación como muy lejanas. En este sentido, se necesitaría un sistema distinto; habría que focalizar en la educación pero tratando de adaptarla a la situación de estos jóvenes. En ese sistema sería importante incorporar elementos como: nivelación, exámenes libres, apoyo de una red comunal.

 

Hay consenso en que la deserción escolar es bastante alta, lo que trae como consecuencia que sus posibilidades de acceso a empleos se limita notoriamente. A su vez, parecen estar limitados para continuar en el sistema educativo formal, ya sea por falta de entrenamiento adecuado, por olvido, por desinterés. Su modo de vida les ha dado hábitos que no concuerdan con los necesarios para reingresar en la escuela tal como está concebida.

 

A pesar de la precaria situación educacional de estos jóvenes, internamente muchos manifiestan los deseos de seguir estudiando si las condiciones económicas se lo permitiera. En este sentido, la deserción escolar se ha iniciado, en gran medida, por el desinterés de sus familiares, en una etapa en que es vital el reforzamiento de los adultos.

1 comentario

toño y lex -

tu blog me parece un verdadero desastre realmente un basural de noticias el burrito sabe mas que tu